Recuerdos

mañana de rocío

poema en calma, luz dorada y pradera esmeralda

Era en la mañana de rocío y de calma,

con la luz abrazando la piel de la pradera;

ella brillaba, llevando el viento en el alma,

y en sus ojos ardía la esmeralda primera.

Su sonrisa encendía claridades doradas,

y el perfume del pasto subía hasta el cielo;

los árboles, en coro, inclinaban sus ramas,

y su paso dejaba una estela de anhelo.

Caminaba despacio por la hierba temprana,

como quien no precisa senderos trazados;

los gatitos jugaban en la sombra cercana,

y el paisaje quedaba de su risa encantado.

Al posar suavemente sus manos en el roble,

el silencio del bosque empezó a latir lento;

y el sol, desde lo alto, como un pintor noble,

dibujaba su forma con dorado instrumento.

Quizá no vuelva a verla, pero vive en mi mente,

como verde reflejo que en mis sueños reposa;

y en las noches tranquilas su mirada se siente,

floreciendo en mi alma como eterna luz serena.

Diseño inspirado en una mañana de pradera: esmeraldas, luz dorada y brisa leve. Marco Vinicio.

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