Memorias
La Partida en Colores
Encuentro
La conocí en una tarde cualquiera, cuando el trabajo era rutina y los días parecían repetirse. Entre papeles y pantallas, su risa surgió inesperada: rosada, luminosa, como un amanecer delicado. No recuerdo las palabras exactas, pero su presencia traía consigo el rumor verde de algo nuevo, una promesa sutil de lo que apenas comienza.
Café
Fuimos a tomar café. El vapor ascendía lento, envolviéndonos en una pequeña nube celeste, frágil, como las palabras que no sabíamos pronunciar. Sus ojos, por momentos, tenían reflejos verdes de esperanza, y su voz, a veces, se teñía de una nostalgia rosada que hacía temblar el aire.
era un tapiz de hilos celestes y destellos rosados,
creciendo en la penumbra verde del asombro.
Despedida
La despedida fue breve y celeste como la niebla matinal: ligera, casi irreal. Nos miramos por última vez, sin promesas, y comprendí que los recuerdos se tiñen de rosado cuando duelen suave, y de verde cuando aún guardan la posibilidad de un reencuentro.
que dejan en el aire una estela de colores.
Así quedó tu sombra, leve,
danzando entre mi rosado anhelo
y mi esperanza verde.
Memoria
Ahora, cuando cierro los ojos, todo regresa en matices: la rosada alegría del primer encuentro, la inquietud verde de las preguntas sin respuesta, la celeste sencillez del adiós. Tu recuerdo permanece, fugitivo y bello, en la isla secreta de mi corazón.
Es solo un instante, pero lo escribo para que no se disuelva del todo. Un homenaje hecho de rosado, verde y celeste: colores que, juntos, sostienen la memoria en el tiempo.
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