Espejos
espejos del alma
No soy poeta.
No soy artista.
Mi voz es baja…
pero late.
El destino se hizo sombra.
El verano en mi pecho, invierno.
Pregunto por el amor
como quien busca agua.
Escribo porque callo.
Callo porque tiemblo.
El papel es un cuarto
donde por fin respiro.
Y entonces lo nombro:
ternura.
No como adorno,
sino como abrigo tibio
cuando arrecia la noche.
Tu imagen regresa:
olor a lluvia,
una taza humeante,
la risa breve,
la grieta en los ojos.
Me reconozco en tus fallas
y me perdono un poco.
También dudé.
También dolí.
También quise decir “aquí estoy”
y no pude.
Hoy aprendo un gesto nuevo:
abrir la mano,
dejar que pase la luz,
no defenderme del temblor.
Si vuelves... o si no
esta vez hablaré despacio,
mirándote a los ojos,
sin armadura.
Porque el sentimiento es esto:
no promesas,
no destinos,
sino presencia.
Y en ella,
dos espejos que por fin
se miran
y no se hieren.